A mí, personalmente, me gustan las historias de amor. Incluso, si os paráis a observar, hasta las letras de este blog son de color de rosa. Tampoco, en lineas generales, me gusta la novela fantástica. Así pues, cuando empiezo a leer 'Alarido de Dios', la última novela de José Miguel Vilar Bou, me enfrento a sensaciones muy contradictorias. Que no es que no haya amor, que lo hay, pero digamos que al principio las tripas te impiden ver el bosque. Y el argumento es fantástico - una guerra ente humanos y demonios que dura 100 años, dos hombres que emprenden un viaje para salvar su civilización-, el mundo es fantástico -una geografía imaginaria, poblada de seres imaginarios- y los combates son fantásticos -no redundaré en el tema de las tripas, por ahora-.

El caso es que decido seguir con la lectura, y me encuentro con dos hombres que empiezan a atraerme de una manera casi perversa; aparto las tripas -y los anacronismos, que no son tantos -y me propongo conocerles mejor. Me gusta Dedekáer, claro, porque su materia prima son todas esas cosas admirables y leales y buenas que hay en la gente que amamos; pero Vervoék, Puñal de Ü, llega a fascinarme, y tengo la secreta certeza de que voy a encontrar algo más en él, algo verdadero y único como una joya rara -como esa mano de Ü que estos dos primos van a buscar al Norte para ganar la guerra, por lo demás completamente perdida desde la primera página-. Y conforme avanzo más y más, me persuado más y más de que voy a acompañarles hasta el final del camino. Pase lo que pase.
Es entonces cuando el argumento fantástico da un giro. No sabes cómo ha pasado, pero estás con ellos ahí dentro, y necesitas saber qué va a pasar; necesitas huir, darte prisa, conseguir que no los atrapen. Seguir leyendo. Ahora conoces los secretos de su alma, conoces el amor, y la locura. Sabes que su búsqueda es estéril, que tienen que vivir, aunque su mundo se esté deshaciendo a cada paso. Lees, y reconoces que cada palabra está escrita desde la tripas y que por eso todo es tan de verdad. Ahora lo veo todo claro: las tripas eran importantes, qué tonta. Son lo más auténticamente humano en el estupor de la guerra, lo que determina la hora única del amor, y también del odio.
Llegas a la última página. ¿Qué va a ocurrirles, a partir de ahora? ¿Cómo es posible que nunca más vuelva a saber de ellos -Vervoék y Dedekáer, pero también Estrella-? Y me doy cuenta de que no quiero que termine esta historia de amor, tan fantástica.









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