viernes, 24 de diciembre de 2010

Navidad


"Dans les profondeurs de l'hiver, j'ai finalement appris qu'il y avait en moi un soleil invincible..." 
En las profundidades del invierno, finalmente supe que dentro de mí había un verano invencible. 

Albert Camus (vía Coralet)



"Summer" Emma Florence Harrison, para el poema de Christina Rossetti

sábado, 18 de diciembre de 2010

La rapidez de la nubes

La cama, la ventana cercana, el valle, el cielo,

La rapidez espléndida de esas nubes,
La súbita garra de la lluvia en los cristales
Como si la nada rubricase el mundo.

En mi sueño de ayer
El grano de otros años ardía a fuego lento,
Sin calor, en el suelo embaldosado.
Descalzos, lo apartaban nuestros pies como un agua límpida.

¡Oh amigo mío,
Qué distancia tan débil separaba nuestros cuerpos!
La hoja de la espada del tiempo que merodea
Hubiese allí buscado en vano lugar para vencer!

Yves Bonnefoy, traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán.


Alguna vez (pero muy ocasionalmente) he soñado que W. ya no estaba. Que todo este tiempo, hasta ayer (pero no hoy, día impreciso, nublado, sin lluvia) era imaginado. Que pasó lo peor.

Hay momentos para hablar, instantes en los que uno podría explicar algo. Las nubes pasan rápidas: las del mes de abril, no éstas de hoy. Pude decir: alguna vez, en ocasiones, sueño que ya no estás.(y me apena muchísimo)  Pero no lo dije.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Caín

Me ha gustado mucho este libro, Caín, de José Saramago. Lo he leído casi de un tirón; es muy breve, y está muy bien escrito (pero esto último es una perogrullada).


Supongo que es en parte porque conozco bien las historias del antiguo testamento; de pequeña tenía una colección de libros ilustrados que leía una y otra vez: se llamaba La Biblia de los niños . Y porque siempre me ha dado terror convertirme en estatua de sal. Sí, esa historia de la mujer de Lot, que se gira para ver cómo ardían Sodoma y Gomorra – “no miréis atrás”, les dice Dios - y así,  sin más, se vuelve de sal. No les dijo que les podía pasar algo tan malo: solo que no miraran.


¿Qué pasa si te conviertes en sal? Te mueres, supongo. Pero, ¿y si no te mueres? Y si te quedas ahí, parado, viendo como todos los demás se marchan, sin poder moverte, ni hablar, ni despedirte.  Al final supongo que te deshaces, cuando llueve; eso pensaba yo, mientras leía La Biblia de los niños. ¿Dolería mucho desintegrarse bajo la lluvia? En el desierto no llueve nunca, me decía, pero eso solo prolongaba la condena; quizás no sintiera nada, quizás solo permanecía obligada a mirar. Es una historia terrible, de todos modos; sobretodo porque a Lot, cuando esto pasa, le importa un pepino. Él sigue su camino, tan ricamente. Y yo estaba segura, vamos, convencidísima, de que no hubiera podido evitar volver la cabeza y mirar…

Si habéis pensado, alguna vez, algo parecido al encontraros con el antiguo testamento, leed este libro. Dijo Saramago que lo escribió con la intención de “desasosegar”. Para mí, sin embargo, su lectura ha supuesto un gran alivio.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Odio el invierno como se odia la tristeza


En la naturaleza
no hay nada melancólico. Sucede
que un viejo vagabundo –el corazón
herido del recuerdo de una pena
o un vago malestar o un amor que no fue-
llenó todas las cosas de sí mismo
e hizo que el sonido de los bosques
contara su tristeza: él, y otros como él.


Los días pasan, vuelan casi –aunque el frío y las pocas horas de luz los hacen lentos-, y yo sin acordarme de pasar por aquí. Ni de leer a los amigos. Va siendo hora de ponerle remedio...