viernes, 20 de enero de 2012

La soledad del villano


Se acaba la segunda temporada de la serie “Sherlock”, con el episodio “The Reinchenbach Fall”: el “problema final” de Holmes. Ya sabemos cómo se resuelve este problema; pienso que es el momento más importante en la trayectoria del personaje, el punto de la historia en que cobra vida y se escapa de su propio autor, de Conan Doyle, digo. Pero aquí esto no parece relevante. O sí.

El problema final de Holmes es Moriarty: el maestro del crimen, el paradigma del villano. En “The Reinchenbach Fall” tiene un papel muy importante, capital; uno no puede dejar de pensar el él, de tratar de comprenderle, de descifrarle. Lo mismo que Sherlock. Porque sabemos que existe en él algo perturbador, algo verdaderamente terrible: el peso de su soledad, la soledad inverosímil del villano.

Hay un momento, en los último minutos del episodio, en que Sherlock afirma “yo soy tú, soy como tú”. Y toda la angustia, la huida, la incertidumbre, la sombra gélida de la muerte; todo lo que persigue al héroe de Reinchenbach Fall se diluye en esa afirmación. Por supuesto que él ha creado a Moriarty, que todo lo que proclaman los periódicos, las malas gentes envidiosas, es cierto. El villano es una figura imposible: es solo el miedo al páramo, al salto al vacío.

El actor que interpreta a Jim Moriarty tiene unos ojos grandes y oscuros; pienso que son semejantes a los de mi propio villano de cuento, y que quizás, a quien lo escogió, también le recuerden a ese pozo negro al que te asomas en plena noche, sin ver nada. Desde luego, la vida no es un cuento de hadas. O sí. En cualquier caso, el héroe gana, el villano siempre pierde. Porque está solo.



 PS Ejercicio: Al llegar a casa, abriré al azar cualquier página de Holmes (emulando a Betteredge). A ver qué ocurre.